El papá de Antoinette, Javier, era un tipo serio, muy pegado a las reglas, era quien mandaba en casa, y gozaba del respeto y obediencia de Antoinette desde que ella era muy pequeña. Siempre luchó por darle todo a su única hija y así lo hizo desde que ella tenía uso de razón. Hace unos años Javier invirtió en la bolsa para probar suerte, pues un amigo con el que estudió en la Universidad de Lima estaba generando buenas ganancias. Decidieron invertir un dinero juntos, una fuerte cantidad. Miranda, la mamá de Antoinette, nunca notó la falta de dinero en la cuenta del Banco Wiesse que tenía con Javier para los ahorros de los estudios de la bebita que venía en camino. El 7 de enero, día en que nació Antoinette, es un día que don Javier no olvidaría nunca. Se había despertado a las 5am como de costumbre para ir a comprar El Comercio y 5 panes para el desayuno. Llamó a Miranda a la casa dese el teléfono público que estaba en la entrada del Santa Isabel de la av. Javier Prado para preguntarle si no se le antojaba algo especial para el desayuno.
-Gorda, no se te antoja algo para el desayuno?
-No sé cholito, lo que tú quieras en verdad -respondió ella apurada puesto que el pito de la tetera anunciaba que ya había hervido.
-Voy a comprar un tamalito que me ha provocado.
-Ya Javi, está bien. Oye, te veo aca ya? el agua esta hirviendo. Un beso.
Antes de poder despedirse, Miranda ya había colgado el teléfono. Esto le molestó un poco, pero no se hizo mayores paltas.
Cuando llegó a casa, prendió la radio y sonaba, en una emisora desconocida, 'I can`t help falling in love with you' en una versión que no era de Elvis Presley. El desconocía que era UB40, pero la letra le traía muchos recuerdos. Tenía el 19 años cuando bailó esa canción con el amor de su vida, Miranda, en un baile que les regaló su primer beso. Subió un poco el volumen y camino hacia la cocina.
-Amor, te acuerdas de esa. . . -Javier se vio obligado a interrumpir su pregunta al ver a Miranda sentada en la silla con unos aparentes retorcijones en el vientre -Miranda, qué te pasa?- preguntó mientras dejaba El Comercio, el pan y el tamal sobre la mesa, y se acercaba a medio correr a auxiliar a su esposa.
-Creo que ya es hora cholo! Estoy con dolores extraños, deben ser. . . auuu. . . deben ser las contracciones -dijo con voz adolorida Miranda.
-Ven, vamos a la sala a que te recuestes mientras saco las cosas.
Javier intentó parecer calmado y sereno cuando en realidad estaba que temblaba por dentro. No era muy bueno para esto de las emergencias médicas, pero esta vez debía tratar de mantener a Miranda tranquila y era su responsabilidad lograrlo.
Luego de salir corriendo de la casa con lo necesario y ponerlo en el Mustang del 67 que le regaló su viejo, Javier regresó a la casa por Miranda, salió con ella a paso rápido pero cuidadoso. Cuando regresó a confirmar que no olvidaba nada, sonó el teléfono. Javier miró a lo lejos el teléfono y dudó en contestar. El teléfono timbró dos y tres veces pero Javier no le hizo caso. Salió de la casa y subió al auto.
-Las llaves amor? te las di para que las cojas mientras sacaba las cosas.
-Ay! las dejé en la mesa del teléfono, lo siento.
-Ya ya, espérame -Javier respondió un poco alterado.
Al entrar a la casa se acercó a la mesa y justo al coger las llaves, sonó el teléfono. Javier dudó en contestar pero lo hizo rápidamente.
-Aló, buenos días?
-Javo, compadre, te habla Carlos! Oye te tengo una mala noti. . . -Javier interrumpió a su buen amigo de la Universidad, con quien había invertido casi todos los ahorros para los estudios de Antoinette.
-Al toque huevón, estoy corriéndo a la clínica con Miranda, parece que ya llega la bebe! -apuró Javier.
-Puta madre cholo -Javier notó la preocupación en la voz de Carlos y supo que había pasado, sin embargo, esperó la mala noticia- lo perdimos todo! No se que chucha pasó hoy temprano que todo se fue a la mierda! Tuve que vender todo para recuperar algo, pero ya no nos queda ni mierda.
Javier sitió como el frío recorría su cuerpo, su mirada se perdió en el espacio y notó que sus ojos se llenaban de lágrimas
-Puta madre!la cagada Carlos! Cómo le explico ahora a Miranda?
-Puta hermano, no sé! Hasta ayer estábamos. . . -el sonido del claxon interrumpió la conversación. Javier volvió en sí y recordó que tenía que llevar a su esposa a la clínica.
-Oe te llamo luego, chau!
Javier colgó el teléfono sin esperar respuesta de Carlos y salió corriendo. Notó que olvidaba las llaves y volvió por ellas.
A Javier, le fue muy complicado contarle el incidente con el dinero a Miranda. Antoinette tenía tres meses cuando él le dio la noticia. Fue un día terrible en su relación. Estuvieron peleados tres días, nunca habían estado peleados tanto tiempo desde que se casaron. Luego de los tres días se sentaron a conversar y solucionaron el problema, ella entraría a trabajar apenas la bebe cumpla un año. Eso nunca fue necesario, Javier había sacado dos meses atrás un dinero de la 'caja chica' de casa para invertir en un negocio que parecía próspero, un restaurante americano que llegaba a Lima.
Luego de cuatro años, Javier había multiplicado su inversión siete veces y recuperado gran parte del dinero perdido en la bolsa. Las cosas empezaron a salir bien finalmente y todo se completó cuando Miranda recibió un buen dinero de una herencia que daba por perdida, la de su padre a quien nunca conoció.
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-Sí señor, qué tal? Dígame. . . -Javier notó el intento de Josemaría por no flaquear su voz.-Tengo que hablar contigo, estoy en Larcomar y creo que no estás muy lejos. Te encuentro en las escaleras y por favor, no le digas nada a Antoinette.
-No se preocupe señor, voy para allá.
Josemaría se sintió un poco asustado pero vio en ese próximo encuentro una oportunidad para explicarle al viejo de Antoinette que sus intenciones con ella no eran malas, que en verdad la quería. Se quedó pensando qué cosas decir y cómo decirlas. Ésta podía ser una conversación decisiva en sus planes de conquistar a Antoinette.
-te estoy hablando! -Josemaría escapó de sus pensamientos con el jalón de brazo que le dio Antoinette.
-ahh! qué me decías? -preguntó Josemaría mientras enfocaba sus ojos en la mirada preocupada de Antoinette. Notó sus ojos más verdes que nunca y sintió que ese cruce de miradas lo enamoró un poco más de ella.
-Quién era? Por qué tienes cara de haber visto un muerto? No me digas que tu abuelo. . .
-No no, era otra persona, te cuento en un rato, ya vengo si? Esperame aquí
-Qué? a dónde vas? -Antoinette notó en los ojos de Josemaría sus ganas de besarla.
-Ya vengo, no me demoro mucho -Josemaría dijo esto mientras se acercaba a Antoinette para darle un beso en la frente. Para su sorpresa, ella levantó un poco su cabeza, lo miró fijamente a los ojos, le miró los labios y para cuando reaccionó ya tenía sus labios pegados a los de ella. Estuvieron pegados no más de cinco segundos pero él los sintió eternos. La cogió de la cara para retrocederla un poco, la abrazó y le sonrió.
-Qué feliz me acabas de hacer sonsa! -exclamó Josemaría mientras ponía sus brazos alrededor de su cintura para abrazarla.
-Tú también me haces feliz. . . me gusta estar contigo. . . pero a dónde vas?
Josemaría volvió a la realidad y recordó que Javier lo esperaba. Soltó repentinamente a Antoinette y salió corriendo.
-Esperame -gritó mientras se alejaba de ella.
Antoinette quiso decir algo más pero Josemaría ya se encontraba un poco lejos para escucharla. Se guardó sus palabras y volvió con sus amigos que jugaban Ice Hockey.
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-Aguanta, aguanta, te quitaste luego que ELLA te besó? Tu sí eres un huevonazo ah! -le di tiempo a Josemaría para que me responda mientras yo encendía un cigarrillo más.
-Qué iba a hacer pues compadre! No iba a dejar que el viejo me espere como un idiota no? Iba a ser la primera vez que converse con él y no la quería cagar! -Hizo una pausa y continuó- Además ya sabes como son las mujeres, no les puedes dar todo porque sino, te cagan!
Los dos reímos y chocamos nuestras botellas de cerveza que estaban a punto de terminarse. Josemaría notó ese detalle.
-Dos más no? Total, cierran dentro de una hora y creo que dos chelas más serían buena compañía.
La historia que me estaba contando Josemaría estaba muy entretenida y esta vez no puse resistencia ante su cuestionamiento. Además, ambos andabamos un poco picados y decirle NO a una más era un poco complicado.
-Ya pues, qué chucha! Mañana no trabajo, pero tengo que estar parado y listo para moverme a las 10am!
-Qué, qué tienes que hacer? -me levantó la mano en señal de espera mientras pedía las dos cervezas.
-Tengo que recoger mi laptop de la jato de un pata, la dejé ahí hace un par de días y el huevón se quita de viaje a la 1pm, así que tengo que caerle tipo 10am. -le expliqué a Josemaría y noté que me prestaba mucha atención.
-Y dónde vive este huevón? -Josemaría me hizo la pregunta al momento que llegaron las cervezas.
-Por el Plaza Vea de la av. Arequipa, por Angamos, ubicas?
-Ya está pues huevón, yo vivo al frente del Plaza Vea, acabamos acá, nos vamos a comer algo a 'El Lomito' y nos quitamos para mi jato a seguir hueveando! Ya mañana te lavas tu culito y te quitas donde tu marido a recoger tu lap.
-Como las huevas maricón?
-Si oe! Todavía vivo con mis viejos y seguro les gustará saber que aun sigues vivo.
-De puta madre cholo!
Cuando Josemaría retomaba su relato no pude evitar evocar mi niñez con él, éramos unos niños tranquilos que ahora, casi 11 años después, hablaban de sus experiencias amorosas y seguramente, más adelante, sexuales.
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Josemaría corrió hasta ver al papá de Antoinette, frenó de a pocos y se acercó caminando. Tenía en su caminar un aire de autosuficiencia y valentía que Javier notó rápidamente y le hizo sonreir.
-Qué tal señor, cómo está? -dijo esto al estirar su mano para estrecharla con la del papá de Antoinette.
Javier sintió que el fuerte apretón de manos que le dio a Josemaría lo hizo, sin darse cuenta, para demostrarle quien estaba al mando.
-Intranquilo, Josemaría; es por eso que te llamé. Necesitamos conversar sobre tu 'situación' con mi hija.
Mientras hablaba con su voz gruesa y seca, Josemaría sintió que se le escarapelaba la piel.
-continuará-
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