Cuando lo mío con Cassandra terminó -o mejor dicho no empezó- mi vieja me soltó una especie de sermón que me quedó muy grabado en la cabeza. Estaba cansada de tener que sonreirle a cuanta chica yo llevaba como proyecto de novia, estaba ya harta de empezar a conocer a una cuando por fin empezaba a llevarse con la antecesora. Fue un Jueves por la tarde cuando entró a mi cuarto y me pidió -a manera de orden- que por favor evite presentarles a otra chica salvo que ya sea algo casi serio. Me sugirió que por lo menos lleve saliendo con esa chica un mes y que ya estemos, ella y yo, decididos a estar en cualquier momento. . . apenas yo se lo pida. No le hice caso. . .
La memoria no me da tanto para recordar el día en el que te conocí. Recuerdo apenas que fue en la playa. Yo había ido con mis dos hermanos y unos amigos del barrio. Nos fuimos todos en la camioneta de Miguel. Aun nos reímos mucho cuando recordamos como pudimos entrar diez personas en esa camioneta. Luego de buscar un buen sitio y tirar las toallas nos pusimos a pelotear.
-Estúpido de mierda! No te das cuenta que hay gente acá? -el grito de la loca de tu prima le dolió más a mis oídos que el pelotazo que te cayó en la cabeza. Me acuerdo que te acercaste a jalarla y cruzamos miradas por primerísima vez. Odio cuando te burlas delante de Alejandro y Luana por lo que hice a continuación, es más, si mal no recuerdo hasta tú te burlaste cuando estiré mi mano derecha y me presenté.
-Hola soy Alfredo, y creo que tienes la mirada más bonita del mundo.
-Hola, yo soy Luciana y creo que eres un idiota y el peor jugador de fútbol playa del mundo- dijiste mientras mirabas mi mano y sonreías de costado. Miré mi mano y estaba asquerosa.
-Espérame aquí paradita, ya?- Corrí tan rápido como mis pulmones malgastados con motor del 87' me lo permitieron para enjuagarme las manos en la orilla del mar. Volví un poco más lento y agitado y volví a estirar mi mano. Ahí estabas tú con tus ojos gigantes mirándome, sonreíste y me devolviste el saludo dándome la mano.
Creo que tu prima jamás nos perdonará que la hayamos dejado de lado toda la tarde. Tuvo que quedarse con Miguel, quien no se cansaba de contar sus aburridísimas historias en la Marina, mientras nosotros no parábamos de encontrar coincidencias en nuestros gustos. Algo extraño pasó ese día en la playa. No sé, de pronto sentí, luego de cinco horas de conversar sin parar, que te conocía de toda la vida. . . quizá incluso, de otra vida.
Me acuerdo también que me colé ese día a tu casa con la excusa que tenía que visitar a mi abuelo que coincidentemente y, desde ese día, vivía por tu casa. Seguimos sin parar de conversar en el taxi durante los 38 minutos que este tomó desde la playa hasta tu casa en Lince. No recuerdo con que excusa hice que me invitaras a pasar. Te confieso que odié un poco cuando me dejaste solo sentado en la sala mientras te bañabas, aunque creo que fue cuando saliste del baño con tu short de jean y tu polo fucsia que sentí por primera vez que me podía enamorar de tí. Estabas radiante, tu sonrisa resaltaba más blanca que nunca al lado de tu cara enrojecida por haber estado al sol todo el día. Te sentaste a mi lado y empezamos a hablar de novios y esas cosas.
Cuando luego de un buen rato noté que todo lo que pasaba por mi cabeza podía consumarse te pregunté muriendo de vergüenza y miedo, aunque demostrando tranquilidad, si querías salir conmigo.
-Si claro, como amigos pues no?- no sé porque asumo que quisiste burlarte un poco de mi.
-No pues -dije con voz pícara- salir de salir!
-(reíste) y cómo es eso de salir salir ahh? -confirmé que te burlabas de mí.
-Salir pues, para ver si puede pasar algo. . .
-Recién me conoces Alfredo, cómo vas a querer intentar algo. . . no sé no entiendo (reíste)
-No perdemos nada, sólo tiempo, la pasamos bien oye, no arrugues, quieres salir conmigo?
-eh. . . -dubitaste- bueno. . . -
No sé en que momento de los siguientes días decidiste enamorarte de mí como yo de ti, pero todo sucedió rapidísimo. Creo que el no dejar de vernos desde que te conocí hasta que te pedí que seas mi enamorada sirvió de mucho para conocernos y darnos cuenta que algo fuerte había empezado. Pasamos muchísimas cosas juntos como enamorados, buenos y malos ratos que supimos sobrellevar bien, no? Nos compramos un perro y hasta decidimos mudarnos luego de estar de enamorados varios años. Debió ser en esa época que descubrí que en verdad eres el amor de mi vida y que simplemente estábamos hechos el uno para el otro. Debo reconocer también que en algún momento me sacaste de quicio y estuve a punto de dejar todo, pero resolví, junto con Miguel, ya casado con tu prima, que en el amor no todo sería color rosa y que siempre existirían problemas que serían 'resueltos' en base a la fuerza del amor que se tenga. Cuando Teodoro, el labrador que compramos, dio sus primeras crías y nos quedamos con un machito. . . te vi actuar como una madre y fue ahí que noté por primera vez mis ganas de formar una familia.
No sé en que momento de los siguientes meses decidí ponerme de rodillas y pedirte matrimonio. Lamento decir que recuerdo poco de ese día, ya ha pasado mucho. Recuerdo sin embargo, que los ojos se te llenaron de lágrimas y me dijiste que era lo que más querías, que te acercaste un poco más y me besaste en la frente. Un poco en contra de mi voluntad, aunque contento en fin, nos casamos en una playa lejos de Lima. Llevabas un vestido rojo y yo un pantalón negro, camisa blanca y la corbata que me regalaste para el aniversario 25 de mis viejos. Luego llegó Alejandro, el grande, y a los pocos años Luana, la muñequita de porcelana que te robó mi mirada enamorada para postrarla en ella.
Cuando cumplimos 25 años de casados, mi vieja publicó su último libro. 'Un poco más de mi' se llamaba. Nos lo regalo, uno a cada uno, y dedicado de formas diferentes. Fue cuando íbamos por la mitad que ella decidió partir a darle el alcance a mi viejo allá en la azotea de la vida. Su libro hablaba sobre su vida, cambiando nombres y demás datos relevantes. Le dedicaba un capítulo a cada persona importante en su vida. El primero a ella misma, el segundo a mi viejo, el tercero y cuarto a mis hermanos y el quinto a mi. Me daba datos para seguir siendo feliz como lo era hasta entonces. Me acuerdo que leímos las últimas páginas juntos en el cuarto de los chicos. Cuando se quedaron dormidos, y faltando apenas menos de una hoja, bajamos a sentarnos en el sofá. Dejaste tu libro a un costado y me dijiste recostándote en mis piernas -léeme tú amor-
-'. . . no dudes nunca que te adoro a ti y a la familia que has formado. Has cometido muchos errores y has acertado en muchas cosas. Pero sabes una cosa? Hay algo que nunca te dije. . . seguro te acuerdas de ese jueves, luego que pasó lo de Cassie. . . ya recordaste, no? Bueno, creo que esta vez, acertaste al apresurarte.' -sonreí un poco mientras una lágrima acariciaba mi mejilla izquierda. -un beso hijo'
-Así termina, amor? no entiendo. . . quien es Cassie. . .?
-Es algo largo de explicar amor, te lo tendría que escribir para que lo entiendas. . .