martes, 2 de marzo de 2010

.Alegre decepción

Había estado con Micaela casi todo el día en mi casa viendo películas y atragantándonos con canchita y Coca-Cola. No recuerdo en que parte de ‘The Notebook’ me quedé dormido, pero cuando desperté ella también dormía, de costado y dándome la espalda –como siempre suele hacerlo-, su mano sostenía la mía y la apretaba un poco. Mi brazo estaba adormecido y lo moví bruscamente para despertarlo. Debió ser el movimiento que hice lo que la despertó. Nos miramos con cara de tontos un rato y sentí un papel a los pies de mi cama. Era una nota de mi vieja, lo noté por su inconfundible escritura a mano. Lo jalé con mis pies y lo leí junto con Mica.

‘Hijo, tu hermano se ha ido a la casa de Melissa (su enamorada) y nosotros nos estamos yendo a la casa de tus tíos a cenar. Volveremos tarde. Hay comida abajo, deja todo limpio. No hagan travesuras por favor. . . Tu Madre’

Debió ser la advertencia de mi vieja lo que atrajo las ganas de hacer travesuras. Estuvimos besándonos y jugueteando un rato hasta que de pronto Micaela interrumpió el momento con su voz suave y tono insinuante.
-Tienes ‘caramelos’ amor? -habíamos empezado a usar ese código para referirnos a los condones para evitar que su hermanita preguntara ‘Qué son condones?’.
-Si claro, le robé un par a mi viejo hace un par de meses –me paré y abrí el cajón de mi escritorio para sacar los ‘caramelos’. No estaban. En su lugar encontré una nota de mi hermano, Oswaldo, que decía con una caligrafía pésima y apurada: ‘Cholo, si lees esto debes estar en el mismo apuro en el que yo estoy ahorita. Tuve que cogerlos, pero te los devuelvo más tarde que regreso a la casa’.
- . . . amor, Os se los ha llevado, no están y me ha dejado este papelito de mierda. . . cuando lo vea lo mato.
Micaela leyó la nota a lo lejos y echó a reír. Me jaló a la cama y nos quedamos mirando el techo un rato. De pronto ya estábamos enredados uno con el otro consumando el acto que el idiota de Oswaldo estuvo a punto de arruinar.

Un par de semanas después, cuando Mica y yo cumplimos cinco meses, nos fuimos a comer a Papa Jonh’s. Ya habíamos arrasado con unas alitas y empezábamos a comer una pizza Americana cuando ella empezó a hablar con tono nervioso.
-Amor, no me viene. . . –Micaela me cogió la mano izquierda, mientras yo cogía la derecha un trozo de pizza y me lo metía a la boca.
-No viene quién amor? –creo que mi subconsciente trataba de evitar esa frase. Sentí miedo. . .
-La regla pues gordo! No te hagas el idiota que sabes bien a que me refiero!
Traté de disimular el repentino atoro que me di con el trozo de pizza que comía.
La miré con cara de burla. Creo que sabía lo que iba a decir y me metió un lapo suave en la frente y me dijo con cara de pocos amigos ‘no se te ocurra preguntar si es tuyo porque no aguanto esas bromitas ahorita ya?’. Arruinó mi broma antes de hacerla pero al notar su seriedad sentí que las cinco alitas que había comido buscaban una salida de emergencia de vuelta a mi boca.
-No te preocupes amor, es normal un atraso. Son cosas hormonales, que se yo. . . Cuántos días tienes de atraso?
-Casi dos semanas amor! Y no es normal porque soy regular y lo sabes! No se qué hacer!
Creo que atiné al abrazarla, me apretó fuerte y al retroceder tenía los ojos un poco humedecidos.
-Tranquila ya? Vas a ver como es sólo un atraso, no te preocupes- le mentí, claro que tenía que preocuparse, teníamos que preocuparnos. . .

Unos tres días después, y sin novedad de la visita de la cigüeña suicida, salí a almorzar con Oswaldo. Le conté que por su culpa existía la posibilidad de que se convierta en tío. Si bien él es mayor y más grande que yo, estuve a punto de tirarme encima suyo cuando no paró de burlarse por casi un minuto.
-Compra una prueba de embarazo huevón, y sales de la duda de una vez. . . Y si sale negativo se te bajan las bolas de la garganta, y si no. . . ya pues. . .
-Y si no qué? –pregunté un poco exaltado y asustado
-Si no. . . ya pues Santi, ya sabes lo que tienes que hacer. . . ya no eres un niño de 17 o 18 años, tienes 23 y te tienes que hacer responsable. Si haces cosas de grandes, asumes las consecuencias como grande!
Me asustó un poco cuando Os golpeó la mesa con un manotazo y todos voltearon a ver extrañados.
-Si pues no? Ahora la llamo y le digo que compre una prueba de embarazo. . .
Cuando salimos del Friday’s de Larcomar empezamos a dar vueltas para hacer las compras navideñas. Era algo increíble pero, por cada diez metros que caminaba veía a una chica embarazada o a una joven pareja llevando a su retoño en su cochecito. Sentí que alguien me mandaba mensajes subliminales.

Micaela se rehusó a comprar la prueba de embarazo. ‘Me da miedo amor, mejor esperemos a que me venga. . .’ Coincidí con ella y traté de calmarla diciéndole que tenía razón, que sólo era un retraso, y que no olvide llevar sus tampax a todas partes porque en cualquier momento le venía. Por dentro yo moría de miedo. . .

Hoy salí con Manu, mi mejor amigo desde el nido, le conté medio resignado y no dijo nada. Siempre tenía los mejores consejos para todo, pero esta vez prefirió el silencio. Mientras hueveábamos por el Jockey nos topamos con una tienda que vendía artículos para bebes y mujeres embarazadas. No sé en que momento decidimos entrar y preguntar por precios de varias cosas ‘para varoncito’ como decía la guapa chica que nos atendió. Luego de ver toda la tienda y no comprar nada nos fuimos al estadio a ver jugar a la ‘U’, el equipo de nuestros amores. Justo antes de llegar a la entrada del estadio, y ver a unos veinte padres con sus hijos, nos cruzamos con una señora que vendía camisetas de la ‘U’. Le había prometido a Manu que le compraría una por su cumpleaños. Se la compré y le dije que se vaya adelantando a hacer la cola. Cuando lo perdí de vista, me puse en cuclillas frente a la señora y le dije con voz entusiasta.
-Señora deme también una con la talla más chiquita que tenga. . . es para cuando nazca Valentín, mi hijo.
La señora sonrió tiernamente, me sacó una camiseta con el número 9, pagué y la guardé –o mejor dicho ‘escondí’- dentro de uno de los bolsillos de mi casaca.

Hoy, la ‘U’ ganó su partido, llegué a casa de Manu afónico y llamé a Micaela para decirle que estaría en su casa un rato y para contarle sobre el partido. Contestó mi alerta rápidamente y dijo esas palabras benditas que todo hombre ansía escuchar por lo menos una vez en su vida.
-Amor!!! Me vino!!! –gritó entusiasta del otro lado del nextel.
-Ves amor? Te dije que sólo era un susto! –solté el botón y confieso que no escuche nada más de lo que dijo porque empecé a festejar –como nunca- la llegada de su punto rojo. ‘Bien mierda! No voy a ser papá carajo!’ gritaba como loco mientras me abrazaba con Manu.
Cuando llegué a casa, me senté en la silla de la computadora, me saqué la casaca y la dejé colgada sobre el respaldar. Estuve chateando un rato con Micaela ‘celebrando’ un poco lo acontecido. . . riendo y prometiendo no volver a cometer esa animalada. . .
Cerca de las 3am me puse pijama, cogí mi casaca y la tiré en el sofá. Vi que algo crema escapaba por uno de los bolsillos. Lo reconocí enseguida, lo saqué despacio y con melancolía. . . era la camiseta que te compré. La extendí para ver su tamañito, sonreí de costado y sentí ganas de no haber celebrado por la noticia que me dio Mica. . . en realidad sentí ganas de no haber escuchado nunca esa noticia. . .

Querido Valentín:
Parece que esta vez no pudiste ser. . . pero te prometo que algún día lo serás. Te espero con muchas ansias y sé que tu futura mamá también. Prometo ser el mejor papá del mundo y cuidarte hasta que decidas separarte de nosotros para empezar tu vida por tu lado. Prometo hacerte feliz y nunca darte correazos en las piernas. . . ni cuando jales un par de cursos en la escuela ni cuando te ampaye tirándote la pera para salir con tus patas. Prometo amarte como amo a tu madre y apoyarte en todas tus locuras. Prometo llevarte desde pequeñito –aunque tu mami no quiera- al estadio a ver a la ‘U’. Iremos de la mano y saltaremos como dos niños, yo llevaré puesto un polo cualquiera y tú. . . tú llevarás puesta la camiseta que hoy te compré. . .

No hay comentarios:

Publicar un comentario