lunes, 2 de noviembre de 2009

Antoinette y Josemaría. (3ra parte)

-No te puedo creer que el viejo de la huevona esta te haya cuadrado por salir a escondidas con ella- le dije mientras pagamos a medias la cuenta- apenas tenías 16 huevón!! qué creía?, qué te ibas a casar con ella al día siguiente?
Fabiola, la chinita guapetona y de perfectas tetas que nos atendió, rió disimuladamente y me miró con cara coquetona.
Luego de dejar una propina decentona, nos paramos, le vimos las tetas una vez más a nuestra mesera y nos fuimos.
Mientras caminábamos hacia la zona de los taxis me agradecí a mi mismo por no haber llevado el carro. Ambos estábamos bastante picados pero conscientes aun. Josemaría tomó el taxi y éste nos llevó en tiempo record hasta su casa. Tomó la Javier Prado a una velocidad alucinante, bajó por la vía expresa y subió por la av. Angamos. Paramos en un grifo a comprar cigarros y dos botellas con agua. Josemaría lo guió unas cuantas cuadras y luego llegamos a una reja negra que bloqueaba la entrada a una casa verde de dos pisos. Josemaría abrió la reja y me hizo un gesto para que guarde silencio. Pegada al lado derecho del estacionamiento de la casa había una escalera en caracol que conducía directamente al segundo piso. Subimos y entramos a la casa.
El lugar en el que entramos era como un cuarto bastante grande, con un bar grande de madera con cuatro sillas altas en una esquina. Al lado había una especie de cocina bien equipada. Al otro lado del cuarto estaba su cama de dos plazas con un sofá de cuero delante y un televisor enorme enfrente. El baño estaba al lado.
-Oe, no vivías con tus viejos? -pregunté luego de examinar rápidamente el lugar.
-Si pues, ellos viven abajo con mi hermana y yo aca arriba.
De pronto sentí una envidia tremenda. Yo aun vivía en la casa de mis viejos y tenía un cuarto pequeño con muchas menos comodidades que él. Tenía un televisor pequeño al lado del suyo, mi cama que apenas me permitía girar dormido, y una laptop que me compré hace ya tiempo atrás.
Josemaría prendió un sofisticado equipo de música e inmediatamente los pequeños parlantes colgados en las paredes de su 'cuarto' empezaron a sonar con una música únicamente instrumental. Me senté en el bar y él sirvió dos vasos de whisky sin preguntarme.
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Mientras soltaba la mano de Javier, Josemaría, intentando disimular la intimidación que le dejó el apretón de manos, preguntó:
-Qué situación, señor?
-No juegues conmigo hijo, tú sabes a qué me refiero -la voz de Javier cambió a un tono más relajado.
-Señor, yo le juro que quiero algo serio con Antoinette, osea, me gusta mucho, la paso bien con ella, me hace sentir especial. . . no sé, es algo raro. . .
-así como todas las otras chicas del colegio. . .? -interrumpió burlonamente Javier.
-No señor, esto es distinto. No le estoy pidiéndo la mano de su hija, sólo le pido que me deje verla con su permiso. Prometo respetar sus reglas y no discutirlas bajo ningún motivo.
Josemaría sintió que estaba prácticamente suplicando un permiso. Eso no lo hizo sentir muy cómodo, pero sabía que tenía que hacerlo para conseguir algo con Javier. Javier tomó aire por la nariz y lo botó ruidosamente por la boca.
-Una que le hagas a Antoinette y te olvidas de ella, UNA -resaltó Javier enfatizando con su dedo índice que era el doble del de Josemaría- sólo una y fin de la historia, estamos?
-Estamos señor -Josemaría estiró su mano para dársela a Javier- le prometo que no le fallaré.
Javier volvió a apretar con fuerza la mano de Josemaría con mucha fuerza, esta vez lo hizo adrede.
-Eso espero, nos vemos en cualquier momento. No la dejes tan tarde hoy, empieza con el pie derecho. . . y, no le digas nada aun, yo hablaré con ella en casa.
-Claro señor, no se preocupe -dijo antes de voltearse y salir corriéndo hacia donde estaba Antoinette y los demás.
Cuando llegó al grupo vió a Antoinette de espaldas, se acercó a ella y le cubrió con sus manos los ojos. Ella notó inmediatamente que era Josemaría. Siempre usaba la misma colonia, Hugo Boss, que le regalaba su abuelo todos los años.
-A dónde te fuiste? -preguntó Antoinette al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa al voltear.
-Es una sorpresa sonsa, mañana ya sabrás de qué se trata. Y . . . -le puso un dedo en los labios al ver que le preguntaría algo- no me preguntes más okey?
Antoinette puso un puchero antes de aceptar el pedido de Josemaría.
Se tomaron de las manos y Josemaría se acercó para darle un beso, Antoinette sonrió tiernamente y se lo dio luego de hacerse un poco la disforzada. Estuvieron unos cuantos segundos abrazados hasta que Josemaría interrumpió.
-Vamos llendo a tu casa, ya es tarde.
-No, todavía hay que quedarnos un rato más por aca con los chicos pues. -Antoinette utilizó una voz emulando a la de una niñita.
-No princesa, no quiero que tu viejo se moleste conmigo porque llegas tarde.
-Mi papá? él no sabe que estás aca! ya te dije que si supiera, estaría acá!
Josemaría sonrió pues ella ignoraba lo que acababa de suceder y la volvió a abrazar.
Luego de un buen rato, Sebastian, Milagros -una chica de la promoción de Antoinette a la que Sebas le tenía ganas-, Antoinette y Josemaría se embarcaron en un taxi a sus casas. El pendejo de Sebas aprovecho para chantarse encima a Milagros en su afan de querer entrar los cuatro atrás. Nadie podría imaginarse que apenas 4 años después tendrían un hijo, Marcelo, y que sacarían su relación -y su familia- adelante. Harían ruta, dejarían primero a las chicas y ellos irían a tomarse unas cervezas a la bodega del negro de la esquina. Josemaría tenía muchas ganas de contarle a Sebas lo que había pasado.
Estuvieron en la esquina un par de horas y apenas tomaron un par de cervezas antes de irse a sus casas. Josemaría se fue a dormir contento luego de un huevo de tiempo. Había sido un día perfecto. Había besado a Antoinette por primera vez, no fue el mejor beso de todos pero lo hizo; pero sobretodo, había hablado con su viejo. Se rio en voz alta al recordar que por un momento pensó que se mecharía con Javier.
-Le hubiera sacado la mierda a ese viejo cojudo -volvió a reir. Aun no podía creer que ese 'viejo cojudo' le había dado, de una u otra manera, permiso para salir con Antoinette. Se sintió aliviado. Justo antes de quedarse dormido, sonó su celular, era un mensaje de Antoinette.
'Hasta mañana sonso! Gracias por un día increíble, te quiero'
A Josemaría le ardió más que nunca no tener saldo para responder el mensaje. Lo leyó una vez más, sonrió y cerró los ojos para dormir.
Tenía una sonrisa de oreja a oreja antes de quedarse dormido, en ningun momento le pasó por la cabeza lo que iba a suceder al día siguiente.
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-continuará-

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